miércoles 29 de octubre de 2008
Noviembre 2008
Del Capitalismo Global al Socialismo Financiero: Paradojas de la Crisis y su Impacto sobre Chile.
Andrés Solimano
La actual crisis financiera de Estados Unidos con la implosión de los bancos de inversión en Septiembre del 2008, luego se extendió a Europa, donde importantes bancos han colapsado en países como el Reino Unido, Bélgica, Alemania, Islandia y otros. Para evitar una crisis económica mayor, los gobiernos de las principales economías del primer mundo han debido nacionalizar sus bancos e inyectar masivos recursos fiscales a entidades financieras en problemas. Esta es una crisis global cuyo epicentro está en el primer mundo; no es una crisis mas de las muchas experimentadas por países del tercer mundo. La actual crisis invita a reflexionar sobre varias interrogantes importantes: sobrevivirá el modelo de capitalismo global y desregulado? Se deslegitima el sistema de mercado con esta crisis? Que reformas son necesarias para disminuir la frecuencia y severidad de las crisis financieras? Como afectaran estos desarrollos a Chile?
La historia, como siempre, nos trae sorpresas y después de tres décadas de capitalismo global los gobiernos de varias naciones industrializadas se ven forzados a adoptar el socialismo financiero para salvar el sistema económico. En efecto, el periódico británico Financial Times, recientemente, escribió un editorial en la que señala que el Reino Unido está “nacionalizando (los bancos) para salvar el libre mercado”.
Las políticas económicas dominantes en los últimos 25-30 años, se ha guiado por un “fundamentalismo de mercado”: es decir por la noción de que los mercados no se equivocan y que siempre el sector privado sabe lo que hace. En este enfoque el estado debe regular lo mínimo a los mercados. El talón de Aquiles de esta concepción es que plantea la preponderancia del mercado en los tiempos de bonanza económica pero omite que necesita el estado en las crisis. Una genuina economía de mercado es aquella en que los costos y beneficios de las acciones de los agentes las deben recibir cada uno de ellos. En la practica, sin embargo, el capitalismo necesita al estado para sobrevivir a crisis profundas, como lo muestran las principales crisis económicas en la historia como la de los años 30 y otras múltiples crisis en los últimos años en diversos países del mundo.
La Globalización en la Historia.
La historia de los últimos 130 años muestra que un modelo de capitalismo global y des-regulado termina fracasando. Los historiadores económicos llaman al periodo de liberalismo económico y globalización que va entre (aproximadamente) 1870 y 1913 caracterizado por el patrón oro, la libre movilidad de capitales, bienes y trabajo como la “primera ola de la globalización”. Este modelo de capitalismo global y desregulado trajo prosperidad económica aunque también sufrió de varias crisis financieras. Sin embargo, al final este modelo no sobrevivió el paso del tiempo. Fue interrumpido por la primera guerra mundial y los intentos de reestablecer el modelo anterior después de la guerra fracasaron: la década de 1920 fue una década de alta inestabilidad económica (inflación, devaluaciones, interrupción del comercio y los flujos financieros entre países). Después vino la gran depresión de los años 30, todo esto en un ambiente de creciente nacionalismo político e intolerancia social. El autor austriaco Karl Polanyi en su libro clásico La Gran Transformación planteó en la década de 1940, basado en su observación de lo sucedido en décadas recientes y de la historia del siglo XIX, que una sociedad de mercado aunque siendo una maquina de creación de riqueza, es inherentemente un sistema desestabilizador en lo económico y corrosivo de la cohesión social, la familia y los valores. Este autor escribió al mismo tiempo que su compatriota Friedrich Hayek, pero obviamente desde una posición distinta. Polanyi fue critico de la idea de dejar al mercado la resolución de todos los problemas importantes de la sociedad. Estas reflexiones son muy validas en la crisis actual.
La globalización actual con predominio de la globalización financiera y fundamentalista en su visión del mercado es parecido a la primera ola de la globalización. Este ultimo periodo ha traído ciclos de prosperidad, el ultimo en la década de los 2000, pero también ha estado asociada a inestabilidad y a una muy alta frecuencia de crisis financieras. En los años 80 tuvimos la crisis de la deuda en América Latina, y la crisis del sistema de ahorro y préstamo en Estados Unidos. En la década de los 90 ocurrieron la crisis de la libra esterlina y la lira en 1992, la crisis Mexicana en 1994, la crisis Asiática y Rusa en 1997-98, además de otras crisis nacionales, en el mundo en desarrollo. En la década de los 2000 el caso de Enron y WorldCom en Estados Unidos, la crisis Argentina y la mega crisis financiera del 2008, son elocuentes. La pregunta es que reformas fundamentales necesita un sistema económico tan propenso a caer en crisis y es rescatado con tanto frecuencia por el estado. Una de las claves se encuentra en el sector financiero.
Permisividad Financiera y Socialización de Pérdidas.
La actual crisis financiera internacional, en especial la ocurrida en Estados Unidos, muestra como los sistemas financieros, pueden fracasar en sus dos principales funciones: (a) asignar el ahorro eficientemente para canalizarlo a inversiones y (b) manejar y diversificar el riesgo. La gran cantidad de prestamos no recuperables otorgados por la banca de Estados Unidos, es muy ilustrativa que el crédito no fue bien asignado y que muchas personas están perdiendo el ahorro principal de todo su vida que es generalmente una vivienda. En efecto, en la actualidad hoy en Estados Unidos hay cerca de 3.5 millones de norte-americanos que están perdiendo sus casas. El costo social de los errores financieros y de la permisividad macroeconómica es enorme, tanto para este país como para la economía mundial que se ha contagiado con la crisis originada en este país. Por otra parte, la crisis actual muestra que la “innovación financiera” de derivados y sofisticados activos que terminan siendo tóxicos muestra que estos mercados pueden incluso crear nuevos riesgos sistémicos. Estos activos tóxicos desarrollados fundamentalmente por la banca de inversión es mas un ejemplo de “creación destructiva” muy diferente a la llamada “destrucción creativa” con innovaciones en el sector real que visualizó el famoso economista Joseph Schumpeter como el principal mecanismo de dinamismo en una economía capitalista.
Las crisis financieras no solo se dan por errores técnicos y por la codicia humana, aunque estos dos elementos influyen ciertamente en su ocurrencia: en periodos de prosperidad se expanden las oportunidades de obtener ganancias y se crean intereses económicos tan poderosos que, en el caso del sistema financiero norteamericano terminaron co-optando a las clasificadoras de riesgo que debían evaluar en forma objetiva el riesgo de los nuevos instrumentos financieros y alertar a los mercados de los riesgos que su uso involucraba. Pero nada de esto sucedió. Además, estos intereses económicos hicieron fuerte lobby para relajar los mecanismos de regulación financiera. En este contexto, los dueños y ejecutivos de los bancos sacaron de los balances de la bancos de inversión estos activos, confundiendo tanto a los mercados como a ellos mismos. La combinación de innovación financiera altamente complejas, bajas tasas de interés, crédito fácil y permisividad regulatoria terminó siendo letal para la estabilidad financiera. Al final, tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido y otros países Europeos el sistema financiero le terminó pasando la cuenta al estado y a la sociedad de la aventura financiera. Para aumentar la solvencia de los bancos y rescatarlos de posibles quiebras el Estado ha debido aportar recursos nuevos para capitalizar los bancos, reducir sus coeficientes de apalancamiento y evitar que el pánico financiero congele la cadena de pagos y el flujo de créditos a las empresas y las personas se mantengan.
Algunos analistas internacionales indican que los montos de los rescates no serán excesivamente altos y que el costo de esto son menores que los costos de una depresión económica. Puede ser, lo que no hace desaparecer estos costos los que generan una carga para el futuro. Además estas nuevas obligaciones fiscales para salvar bancos, dar garantías a créditos y otras obligaciones reducen el espacio fiscal para financiar lo que es la acción genuina del estado: la provisión y mantenimiento de la infraestructura física, la política social, el apoyo a la innovación y la protección del medio ambiente. Estas acciones de rescate, si bien necesarias para evitar un colapso financiero disminuyen la legitimidad de la economía de mercado en un aspecto fundamental; socializan las perdidas después de un largo periodo de privatización de las ganancias tras un periodos de bonanza y prosperidad económica de la economía mundial. Sin embargo una economía de mercado genuina privatiza ganancias y perdidas , no solo las primeras. Esta crisis indica otra lección: en periodos normales hay que regular y asegurar la competencia en los mercados, evitando la concentración económica, en caso contrario los agentes económicos grandes (bancos y empresas) adquieren un pode de veto sobre la economía y la sociedad: son demasiado grandes para dejarlos caer. Deben ser rescatados, generalmente con recursos públicos pasando la cuenta a los que pagan los impuestos y a los trabajadores vía menor empleo y salarios mas bajos. Lo vimos en Chile durante la crisis de 1982-83 y periodos subsecuentes. Ahora la crisis se da en Estados Unidos y Europa, el corazón del primer mundo.
Chile y la Crisis.
Chile seguramente va a ser afectado, por la actual crisis financiera internacional. Ya el precio del cobre está cayendo, la demanda por nuestras exportaciones a Estados Unidos y Europa se afectarán, la construcción se esta empezando a desacelerar y seguramente se postergarán proyectos de inversión en varios sectores. La economía chilena tiene fortalezas por sus altos ahorros públicos acumulados, por haber tenido un sistema bancario mas regulado, producto en gran medida de la crisis de 1982-83 y por su mayor nivel de desarrollo económico e institucional. Las autoridades económicas han reaccionado con celeridad ante la actual crisis externa. Todas las crisis son una oportunidad y esta no es una excepción. La manutención de la estabilidad macro-financiera es importante pero se debe proteger a las clases medias y los sectores populares que pueden ser los mas perjudicados con una desaceleración económica y un menor ritmo de creación de empleos. La desocupación seguramente aumentará golpeando mas a los hogares pobres y vulnerables. Los programas de ayuda a las PYMES , que generan cerca del 80 por ciento del empleo en Chile debe ser en forma directa y no solo a través de la banca. Los bancos, en periodos normales son renuentes a prestarle a las PYMES menos lo harán en un contexto de incertidumbre como el actual. Se debe, a mi juicio, privilegiar líneas de crédito directo y reprogramaciones de deuda vía CORFO y Banco del Estado. Las tasas de interés a cobrar deben ser razonables y en línea con la capacidad de pago de estos sectores en un contexto de menor dinamismo económico.
Es importante activar instrumentos contra-cíclicos de la política fiscal para enfrentar una reducción del nivel de actividad y del ritmo de creación de empleo. La inversión publica, intensiva en mano de obra debe ser prioridad. Lo mismo hay que fortalecer las redes de protección social. Si la desocupación aumenta es posible considerar reactivar programas de empleo de emergencia, una versión mejorada del PEM (Programa de Empleo Mínimo) y POJH (Programa de Empleo para Jefes de Hogar) usados en la crisis económicas de 1982-83 en Chile.
Es importante también tomar las crisis como oportunidad y hacer rectificaciones al modelo económico, particularmente en lo concerniente a la concentración del poder económico. Hoy resalta la gran la concentración de la propiedad en la banca, supermercados, farmacias, sector inmobiliario, ISAPRES, AFP y otros. Los planes de ayuda financiera que surjan de esta coyuntura deben evitar concentrar esta propiedad y priorizar los deudores de clase media y sector de bajo ingreso que aquellos que tienen mas recursos para ayudarse ellos mismos. En definitiva, Chile debe seguir con atención los desarrollos de la crisis internacional de este capitalismo global tan propenso a sufrir crisis, debe estar abierto a los debates del primer mundo y no aferrarse a pretendidas certidumbres económicas que crecientemente la realidad termina refutando.
miércoles 19 de diciembre de 2007
Articulo de La Tercera -- Cambiando como El Gatopardo -- 16/Diciembre/2007
Al leer nuevamente esta novela, en Chile hoy, surge la interrogante: cuanto ha cambiado y cuanto permanece inmutable en el orden económico y social chileno? Tomemos dos puntos de comparación: los años 60 y el momento actual, digamos acercándonos al fin de la primera década del siglo XXI. Son aproximadamente 40 años, tiempo suficiente para hacer alguna comparación relevante. Que cambió? Claramente el nivel de vida material de las personas. En los años 60 el PIB por persona de Chile era solo una fracción del actual mejorando el estándar de vida material del “chileno promedio” (existe ese concepto?), aunque el estándar de vida de esa época tampoco era demasiado modesto. Hoy producto de la aceleración del crecimiento económico principalmente de los últimos 20 años la gente, en promedio, vive mejor. Tiene mejores casas donde habitar, mejor vestuario, la infraestructura se modernizó y las personas tienen acceso a una variedad de bienes que simplemente no existían en esa época: teléfonos celulares, DVD, TV de alta resolución, etc. Nuestra economía es hoy de mucho mayor tamaño que en el pasado, su estructura productiva es mas moderna y su mercado de capitales moviliza niveles de ahorro impensables cuatro décadas atrás.
Sin embargo, este progreso no está exento de contradicciones: mientras nuestra macroeconomía se hizo mas estable y sofisticada, nuestros ciudadanos, sus casas y barrios se tornaron físicamente mas vulnerables (o inestables) por la delincuencia. La gente vive con más stress, gasta mas tiempo transportándose a sus puestos de trabajo y vive mas endeudada. Cambió nuestra estructura social? La respuesta no es inequívoca. Por un lado el porcentaje de pobreza bajó y ese es un avance importante. El “pobre “de hoy es diferente al “pobre’ de 40 años atrás. La desigualdad de ingresos y riquezas actual en Chile no es menor que en los años 60 y quizás sea un poco mayor. La concentración de propiedad de activos productivos y financieros es muy alta en el Chile actual. En este sentido la estructura social varió poco.
En los 60 se escribieron algunos libros sobre la concentración económica de esa época y la sorpresa es constatar como esa realidad no cambió en cuatro décadas, aunque las magnitudes absolutas del valor de la riqueza por cierto son muy diferentes. Chile fue y es un país de elites. El concepto no es tan susceptible de ser medido empíricamente como el IPC o el PIB, pero que las elites existen, no hay duda. Estas elites, generalmente muy estables en el tiempo, están constituidas por dirigentes políticos y empresariales, altos funcionarios del estado y en general personas en posiciones de poder. Un fenómeno interesante es la creciente importancia que ha adquirido la elite del conocimiento (en especial aquella especializada en economía y finanzas) constituida por profesionales altamente educados con post-grados en el extranjero. Esta elite no tenía tanta influencia y poder cuatro décadas atrás en nuestro país. En fin, la novela de Lampedusa da, mágicamente, claves para entender la realidad del Chile actual. Quizás por eso sea un clásico.
* El autor es Economista de la Universidad Católica de Chile y Doctor en Economía del MIT.
jueves 30 de agosto de 2007
Fantasmas en las Relaciones Laborales?
30/Agosto/2007
Andrés Solimano*
Un fantasma recorre Chile: es el retorno del activismo sindical, los trabajadores pidiendo mejores sueldos, mas protección en el empleo y derechos laborales. “Que se respete el estado de derecho”, “que el gobierno imponga orden”, “ Se va a hundir el modelo chileno” son algunas de las reacciones, quizás emocionales, que se han escuchado. El asunto debe analizado, sin embargo, con mesura, realismo y actitud analítica. Por un lado es una constante histórica que cuando los países crecen rápido y el nivel de empleo aumenta surgen demandas de los trabajadores por mejores salarios, y por llevarse una parte de las mejoras de productividad. En los años 60 y 70 en Europa tal fue el caso siguiendo casi 25 años de crecimiento ininterrumpido de post-guerra. Chile lleva más de 20 años de crecimiento respetablemente alto, con niveles de empleo crecientes pero también con una notoria y persistente desigualdad en la distribución de la renta. No es de extrañar entonces que el sector laboral, en forma inorgánica probablemente, se empiece a reactivar y aumenta su grado de exigencias laborales. La respuesta a este emergente movimiento social debe considerar varios elementos; por un lado el reconocimiento que el trabajo es la principal actividad para la mayoría de los Chilenos su fuente de ingresos, satisfacción o frustraciones, realización de proyecto de vida y aspiraciones. Los economistas (neoclásicos) plantean que el consumo es la principal fuente de satisfacción para las personas. Sin embargo quizás mas importante es el trabajo que además genera el ingreso para poder consumir, entre otras cosas. Una segunda consideración es que Chile es una economía globalizada, quizás no tanto en su cultura y valores, pero si en su estructura productiva y por ende se requiere estructuras laborales flexibles y competitivas; la visión del retorno de un sindicalismo paralizante con demandas “pasadas de tejo” esta aparentemente en las psiquis empresarial y de ahí su reacción a los brotes de un nuevo activismo sindical. Naturalmente este no es el modelo sindical que debe imperar. Sin embargo también deben revisarse las asimetrías de salarios y beneficios entre los contratados de planta y los de empresas contratistas y en general el grado de participación y voz de los trabajadores en las decisiones que los afectan a nivel de la empresa. Tercero, el tema de la excesiva rotación y precariedad laboral --que se reflejó en los problemas para acceder a la pensión mínima con 20 años de cotización ininterrumpida es también un reflejo de los problemas del funcionamiento del mercado laboral. Cuarto, si bien redistribuir el ingreso mediante aumentos de salarios que no van acompañados de mejoras de productividad es ilusorio, es importante asegurar que las transferencias del estado para garantizar ingresos mínimos sean sustentables en el tiempo y no dependan de la buena voluntad de los gobiernos de turno. La propuesta del dividendo ciudadano del cobre (distribución directa de parte de los excedentes de CODELCO a todos los ciudadanos) planteada en una columna anterior va en esa dirección. En definitiva el tema sindical estará con nosotros por un tiempo y es importante abordarlo con realismo y criterios modernos y de futuro. Dejemos los fantasmas del pasado en el desván de la historia.
* Economista Universidad Católica de Chile. Doctor en Economía MIT, Estados Unidos.
viernes 20 de julio de 2007
Más Allá de la Pobreza: Condición Humana y Desigualdad
Andrés Solimano*
10/Julio/2007
Quizás hay pocos conceptos tan elusivos como el de la pobreza. La medición estándar es comparar los ingresos de las personas o familias con el costo de una canasta mínima de satisfacción de necesidades básicas. La ventaja práctica de este método es que, en principio, se puede “medir” la pobreza y, si se creen los números obtenidos, estos pueden ser comparados en el tiempo y entre países para inferir avances o retrocesos en la “lucha contra la pobreza”. Por supuesto esta medida de la pobreza es prácticamente una caricatura de la condición humana. Más bien sirve para identificar situaciones de indigencia y vulnerabilidad alimenticia y de salud que, por supuesto, deben ser atendidas con celeridad y eficacia. La interrogante: Que constituye una buena calidad de vida o cuan felices son las personas? es un tema que ya preocupó a los filósofos griegos de la antigüedad como Platón y Aristóteles, a los utilitaristas como Bentham y Jevons, y a pensadores como Marx, Arendt, Sartre, Cohen y otros, que trataron de ir mas allá de las condiciones materiales de las personas para inferir felicidad, satisfacción y calidad de vida, identificando otras dimensiones relevantes como alienación versus auto-realización, el sentido de pertenencia a la familia y la comunidad, reconocimiento social, acceso a bienes estéticos, capacidades creativas, y la practica de la solidaridad social como medio de trascendencia moral. Obviamente ni la canasta de bienes de consumo y servicios mejor medida del mundo va ser capaz de reflejar, cabalmente, estas consideraciones. Sin embargo los gobiernos y las instituciones internaciones necesitan mostrar resultados de su acción y aparentemente la lucha contra la pobreza es capaz de movilizar consensos en torno a un objetivo, en apariencia inobjetable, pero que analizado con profundidad es un criterio en necesidad de profundas revisiones.
Es obvio que tarde o temprano la pobreza tenderá a desaparecer producto del crecimiento económico y de la presión social por mejorar la situación de los sectores populares y pobres. Ya lo indicó hace tiempo el famoso economista británico John Maynard Keynes quien escribió, en medio del pesimismo de la depresión de los años 30 un famoso articulo titulado The Economic Possibilities of our Grandchildren (Las Posibilidades Económicas de Nuestros Nietos). En dicho articulo Keynes mostraba que un país creciendo a una tasa razonable (3 por ciento por año para el Reino Unido fue su ejemplo) resolvería su problema económico, entendido como contar con los bienes materiales para cubrir las necesidades fundamentales de la población, en no mas de dos generaciones. Por supuesto la sociedad inglesa era menos desigual que la Chilena y por lo tanto derrotar la pobreza era más fácil aunque incluso los países ricos no pueden cantar victoria total en ese frente. Pero el punto de fondo es que el problema tenía solución.
La desigualdad.
Si el potencial económico de Chile (sobre todo ahora que somos mas rico por el cobre) da para resolver el problema de la pobreza a una velocidad mucho más rápida que la observada y si este problema efectivamente se resolviera serán los chilenos efectivamente mas felices? vivirán mejor? tendrán vidas mas satisfactorias? Ciertamente una parte importante del “problema económico” es lograr que la población se alimente bien y pueda satisfacer sus necesidades de consumo, abrigo, vivienda, salud. Sin embargo, una observación mas detenida del comportamiento humano revela que las necesidades se vuelven relativas y ahí el problema adquiere otro cariz. Lo relativo puede ser respecto a lo que tienen otros y entonces dependemos de la distribución de los ingresos y las oportunidades. También lo relativo se puede definir en relación a lo que cada cual tenía en el pasado (tener un TV blanco y negro era probablemente una enorme fuente de satisfacción en los años 60 para muchas familias pero hoy volver a un TV blanco y negro es un evidente retroceso para muchos). También lo relativo puede ser respecto a las expectativas de bienestar material futuro de las personas. En cualquier caso, pasando del umbral de satisfacción de sus necesidades básicas (este criterio obviamente también cambia en el tiempo), su felicidad y satisfacción la evaluarán en una perspectiva relativa.
Compararse no es solo un problema de “envidia” como algunos aducen para descartar la preocupación por el tema distributivo. Simplemente parte de la satisfacción (o frustración) de la gente se deriva de su percepción de vivir o no en un orden social justo, donde las oportunidades son razonablemente iguales para todos, donde la capacidad de esfuerzo individual y colectivo, el talento, la inventiva y la actitud frente al riesgo son los determinantes fundamentales de la capacidad de progreso económico y de generación de ingresos de las personas mas que los contactos sociales, la pertenencia a un partido político, la riqueza familiar o el origen social. Muchas veces la satisfacción con el entorno laboral, la capacidad de participación ciudadana, la inserción comunitaria y una vida familiar plena son más importantes que el acceso a los bienes de consumo. Lamentablemente nuestro modelo económico y las varas culturales de éxito que este modelo ha generado premian más el consumo que estas otras dimensiones.
Chile es una economía y sociedad con una distribución de ingresos muy desigual, bastante estable en el tiempo y que tiene mecanismos fuertes de reproducción y de preservación del status quo. Los datos sobre la desigualdad son bastante conocidos: mientras el 10 por ciento mas pobre captura poco más del 1 por ciento del ingreso nacional el 10 por ciento mas rico representa el 46 por ciento de dicho ingreso. Esta brecha se ensancha al comparar el 5 por ciento más rico con el 5 por ciento mas pobre. Esta dispersión se exacerba más aun si comparamos el 1 por ciento más rico con el 1 por ciento mas pobre. El coeficiente de Gini, una medida matemática para medir la distribución del ingreso (el valor cero representa perfecta igualdad y el valor uno desigualdad completa) era de 0.57 en 1990, alrededor de 0.56 en el 2003 y bajó levemente a 0.54 en el 2006 según los datos preliminares de la CASEN 2006. Estos niveles del índice ubican a Chile entre los países mas desiguales de América Latina una región ya con ingresos muy concentrados en el concierto internacional. Si se hace el ejercicio de sacar el 10 por ciento mas rico del cálculo del índice de Gini este baja a 0.38 un nivel cercano al promedio de la OECD. Es decir la desigualdad en Chile se asocia a una alta concentración de la distribución en los tramos de ingresos más altos y no debido a una pobreza muy crítica en los estratos bajos. Hay dos características adicionales de la desigualdad en Chile: una es que parece ser bastante insensible al ritmo de crecimiento económico y la otra que el advenimiento de la democracia en 1990 casi no afectó la desigualdad subsiguiente. En efecto, mientras Chile duplicó su ingreso por habitante en los últimos 20 años la desigualdad permaneció prácticamente constante; tal vez sucesivos aumentos en el grado de ingreso por persona y el nivel de desarrollo de Chile lleven a que esta disminuye, pero esto aun debe ser verificado. La segunda característica es que la restauración de la democracia en 1990 no ha llevado a ninguna reducción significativa de la desigualdad. Prosperidad y democracia, aparentemente, corren por un carril separado al de la desigualdad en Chile, lo que es un tema preocupante por las consideraciones anteriormente expuestas.
Porque la desigualdad resulta ser tan estable en nuestro país? podemos identificar cuatro factores, vigentes actualmente, que pueden calificarse como elementos reproductores e incluso reforzadores de la desigualdad;(i) una alta concertación de la riqueza de activos productivos, (ii) una estructura productiva caracterizada por un gran numero de empresas de menor tamaño que conviven con un numero reducido de empresas grandes de mayor productividad, con acceso a crédito, mercados externos y tecnologías, (iii) un sistema educacional con grandes diferencias de recursos y calidad entre educación publica y privada y (iv) una matriz institucional que tiene instituciones muchos mas fuertes encargadas de la estabilidad macroeconómica que de la gestión de la política social.
Las cifras son claras en mostrar concentración patrimonial por parte de grupos económicos e individuos en la banca, AFP, ISAPRES, el mercado accionario, industria farmacéutica, supermercados y otras. Esta concentración de propiedad ciertamente está relacionada con la concentración de ingresos corrientes que mide la encuesta CASEN la que básicamente mide ingresos laborales mas que los ingresos del capital.
Un segundo factor está asociado a una estructura productiva muy heterogénea y concentrada. Las mediciones del sector de micro empresas difieren si estas se miden según empleo o ventas; de cualquier forma, el sector es muy numeroso, su contribución al empleo total es cercana al 70 por ciento, su productividad es inferior a las empresas grandes y tienen una serie de restricciones al acceso a crédito, tecnología y mercados. En contraste el sector de empresas clasificadas como grandes es muy pequeño en tamaño: alrededor de 7000 establecimientos en comparación con cerca de 500 mil micro empresas (criterio ventas del Servicio de Impuestos Internos). Las empresas grandes tienen una alta participación en las ventas y realizan el grueso del esfuerzo exportador chileno, aunque son menos intensivas en empleo que empresas de menor tamaño. Estas dualidades productivas ciertamente están relacionadas con la concertación de ingresos antes documentada. Referente al sistema educacional los recursos económicos por alumno que dispone la educación privada son muy superiores a los que dispone la educación publica a la que van los hijos de los pobres y parte de la clase media; por otra parte las diferencias en rendimiento en las pruebas de selección universitaria están cercanamente asociadas al tipo de escuela que proviene el alumno, etc. Como el capital humano es una variable que influye decisivamente en la capacidad de generación de ingresos de las personas las desigualdades en el sistema educacional tienden a reforzar la desigualdad inicial de recursos entre los jóvenes y sus familias que sesgan su acceso a la educación pública versus la privada. Finalmente, la matriz institucional es importante para la preservación de posiciones de influencia y poder de las elites y además reflejan las prioridades de la política económica y social a través del aparato del estado. Chile tiene un sistema presidencial fuerte, con iniciativa legislativa concentrada en el ejecutivo y un sistema binominal que premia la permanencia de coaliciones en el tiempo (Concertación por la Democracia y Alianza por Chile) y castiga electoralmente a los partidos y grupos que están fuera de estas alianzas. Este sistema le ha dado a partir de 1990 una considerable estabilidad al sistema político chileno; sin embargo, este no favorece ni incentiva cambios sistémicos en la sociedad chilena que puedan afectar los intereses de las elites políticas dominantes. A nivel de institucionalidad económica y social se observa una mayor fortaleza e influencia de las instituciones a cargo de la política macroeconómica como el Banco Central y el Ministerio de Hacienda que de las instituciones a cargo del desarrollo productivo, de la política social y medio-ambiental. En efecto, la heterogeneidad institucional prevaleciente en Chile se refleja en la menor influencia, presupuestos más reducidos, menor dotación de profesionales e influencia dentro del sector público de los ministerios sociales (Educación, Salud, Vivienda) y de las políticas de desarrollo productivo y las políticas medio-ambientales. Otro tema que requiere más atención es la capacidad de entes como las Superintendencias de Bancos, de Sociedades Anónimas, de ISAPRE y de AFP, para regular con efectividad a agentes económicos de gran poder en la sociedad chilena. Pasar de un modelo concentrador a otro mas incluyente requiere remover y reformar estos factores reproductores de la desigualdad en Chile. El desafío es económico y político. La estrategia económica de la transición post-régimen de Pinochet fue hecha con el sostenimiento del modelo económico heredado, el que generaba una dinámica de crecimiento y apertura al exterior, pero fue reforzado su impacto de reducción de la pobreza medida en las formas tradicionales y en graduales mejoramientos de la protección social. Dicho modelo pudo ser el apropiado para los inicios de la transición. Sin embargo hoy Chile es un país mucho más rico y moderno en varios aspectos; en este contexto hay una ciudadanía más informada que eventualmente será menos tolerante a la concentración económica, la desigualdad y el poder de las elites. El desafío es como articular un nuevo modelo económico y social para Chile, reformado y ajustado. Este modelo debe combinar estabilidad, crecimiento y apertura externa con una nueva concepción más moderna y enriquecida del tema social y de un desarrollo genuinamente humanista que supere las visiones mecanicistas de la pobreza y se abra a las necesidades crecientemente más complejas de la población del siglo XXI. Para esto se requiere movilizar los instrumentos técnicos y el apoyo social que necesita un Chile menos desigual y más democrática.
: Economista Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctor en Economía en MIT, Estados Unidos. Blog: asolimano@blogspot.com. Sitio: www.andressolimano.com
martes 10 de julio de 2007
Transantiago. El Plan A y otras alternativas.
A tres meses del lanzamiento del Transantiago se pueden distinguir tres propuestas para salir de la crisis del transporte capitalino: El Plan A, apoyado por las autoridades, apuesta a la viabilidad del Transantiago (TS) vía inyección de mas recursos del fisco, normalización del sistema de pagos del sistema, reducción de la evasión y aumento en el numero y frecuencia de los buses en circulación. El Plan B esbozado por el ex Presidente Frei plantea la superación del Transantiago y propone un rol mas activo del estado en el manejo del transporte de Santiago. Inicialmente anunciado como estatización por Frei este esquema tiene distintas variantes. Una es la intervención del TS hasta la normalización del sistema para dejar paso después a un régimen más permanente el que puede ser estatal, mixto o privatizado. También se ha planteado recientemente que el Metro opere con una división de buses expandiendo su campo de acción en un sistema integrado de tren –subterráneo y transporte colectivo de buses. Finalmente está el Plan C, apoyado por una parte de la Alianza y algunos analistas que sería una suerte de retorno al sistema pre-Transantiago, reestableciendo la malla de antiguos recorridos y quizás la vuelta de los antiguos micro-buses.
Cada plan tiene sus pro y contra. El Plan A tiene dos implicancias serias: primeramente, el costo de financiar la brecha de recursos del TS recae, hasta ahora, enteramente sobre las arcas fiscales y el Metro, una empresa estatal. Sin embargo el sistema se supone que es privado, con una AFT en que participan bancos comerciales (aparte del Banco del Estado) de gran capacidad financiera. Es una situación cualitativamente similar a la crisis financiera de los bancos de hace 25 años: rescate estatal de un sistema privado, aunque con la diferencia que ahora las entidades financieras que apoyan al TS son muy sanas y capitalizadas financieramente. La segunda dificultad es la apuesta a que solo realineando los incentivos monetarios a los operadores estos proveerán la cantidad y frecuencia adecuada de buses en circulación. En un contexto de incertidumbre sobre la demanda efectiva y sobre las reglas del juego no se debe descartar que los operadores privados mantengan su comportamiento actual; alternativamente estos buscarán un gran reaseguro mediante mayores tarifas o ingresos garantizados, lo que elevara más los costos de operación del TS. Lo que funciona en tiempos normales (incentivos) generalmente no funciona en épocas de crisis. Pasemos al Plan B. Este evita la redistribución fiscal hacia el sector privado del Plan A aunque obviamente también tiene un costo de recursos que habría que determinar. Por otra parte el tema de los incentivos adquiere una dimensión menos crucial ya que se supone operaria con provisión directa de buses. Sin embargo si parte de los servicios, por ejemplo de alimentadores se contratan al sector privado el tema de los incentivos vuelve a ser relevante pero a una escala mucho mas acotada que en el Plan A. La principal objeción que se ha hecho al Plan B es la posibilidad que una empresa estatal de transportes caiga en los vicios del clientelismo, la nominación política de personal, ejecutivos y directores y por ende no se garantice una gobernabilidad y eficiencia adecuada. Estos peligros son reales y la propuesta debe garantizar que esto no vaya a suceder, aunque la alternativa de una expansión de actividades del Metro sería en torno a una empresa estatal que ha funcionado, en lo grueso, con eficiencia. Finalmente, la opción C adolece del peso de los problemas del sistema antiguo como la contaminación, inseguridad y polución que se iban a remediar con el TS. Debemos ser capaces de discutir civilizada, informada y constructivamente las opciones abiertas ante un tema tan trascendental como el del transporte.
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* Economista UC y Doctor en Economía del MIT.
martes 15 de mayo de 2007
Estatizacion del Transantiago?
El ex Presidente, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, ha planteado, con gran lucidez, que dada la crisis del Transantiago lo que corresponde es pasar a un sistema estatal de transporte publico como el que se utiliza en las grandes capitales del mundo desarrollado. El tema es pragmático y no ideológico; no es el fantasma del comunismo aparecido por la ventana ni la reedición de las nacionalizaciones de la UP.
El caso del Transantiago ilustra, dramáticamente, las dificultades de la provisión privada de un servicio estratégico en condiciones de incertidumbre y complejidades de coordinación. En el caso de redes de transporte esto se da con frecuencia y por eso los países desarrollados prefieren el sistema público. En Chile los operadores privados de buses son extremadamente sensibles a una posible baja de ingresos, aunque sea transitoria, y simplemente hacen circular menos buses que los requeridos. Falló el sistema tecnológico y hay evasión. Pero los privados no tienen paciencia ni esperan a que estos problemas se solucionen. Si no hay pago, no hay servicio. Simple, directo y brutal. Falta financiamiento? Entonces que se ponga el fisco. Un observador se preguntará: porque si en la AFT (Administradora Financiera del Transantiago) hay tres grandes bancos comerciales, con una enorme capacidad crediticia, no son estos lo que le hacen un préstamo al Transantiago, en vez pedirle “prestado” al Metro? Probablemente porque no lo ven un buen negocio. La lógica parece ser “ganancia a todo evento”. El lucro es un acicate poderoso que consigue muchas cosas. Pero si no aparece, nada se mueve bien. Sin embrago, la gente debe llegar a trabajar, volver a sus casas y movilizarse diariamente. Ya el país sufrió un episodio de socialización de perdidas a gran escala en la crisis de 1982-83 y nuevamente le van a pasar la cuenta. Economía de mercado si, pero cuando hay ganancias. Ahí el estado debe estar lo más lejos posible. Si hay pérdidas para los privados y el servicio es estratégico como el caso del transporte, el estado debe ponerse. Ya lo vimos en la crisis bancaria de hace 25 años atrás.
No todo pasado fue peor. La antigua ETC (Empresa de Transportes Colectivos del Estado) disponía de una planta de recordados trolleys, maquinas silenciosas, no contaminantes y seguras, manejadas por conductores profesionales quienes de uniforme, corbata y gorro, llevaban con cortesía y cuidado a los escolares de nuestro país y al resto de los usuarios. Que distinto al Chile de hoy. Pero hoy se puede crear la ETS: Empresa de Transporte Público de Santiago dotada de los buses de mejor calidad y no contaminantes que se puedan comprar en el mundo, que racionalice los recorridos, con una planta de conductores muy profesionales; una compañía manejadas por idóneos ejecutivos, con una filosofía de servicio publico y de solidez financiera. Afortunadamente hay plata del Cobre para comprar los buses y pagarlos al contado. En fin, es hora de pensar y actuar distinto. Fortalezcamos el Metro, hasta hace poco, un orgullo nacional y junto a la ETS construyamos un sistema de transporte publico como se merece un país de la riqueza y la dignidad como el nuestro!
lunes 7 de mayo de 2007
Neoliberalismo, Nacionalismo Económico y Cultura en América Latina
Mayo 4, 2007
América Latina vive tiempos difíciles. La complacencia de la década de los 90 que la región había finalmente encontrado una feliz combinación de democracia política y economía de mercado como vía para alcanzar la prosperidad, la estabilidad y el desarrollo ya es casi cosa del pasado. El cuestionamiento no es tanto a la democracia, la que sin duda adolece de problemas de representación, flexibilidad y transparencia sino mas bien de la viabilidad del modelo económico imperante. También hay una dimensión cultural subyacente.
La evidencia empírica acumulada sobre el desempeño económico y social de la región en los últimos 15 a 20 años muestra que el crecimiento económico ha sido esquivo, con una tasa promedio cercana al 3 por ciento anual (en dicho periodo China ha crecido a cerca del 9 por ciento anual y otras economías dinámicas de Asia y Europa del este cerca del 7 por ciento anual). La pobreza actualmente es cerca del 38 por ciento de la población es decir más de 200 millones de personas y la desigualdad de ingresos y riquezas es persistentemente alta. Los principales logros de las políticas de la última década en la región se han realizado en la reducción de la inflación, mejoramiento fiscal y apertura al comercio internacional. El desempeño económico, con sus aciertos y carencias, sin embargo ha ido creando una situación de insatisfacción en América Latina. Lo anterior se ha reflejado en la elección de varios presidentes en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y Venezuela sobre una plataforma anti-sistema con cuestionamiento del modelo económico neoliberal. En otros países como Uruguay, Brasil, Chile, Perú el electorado ha preferido la opción social demócrata de centro-izquierda. Alternativas de centro derecha ganaron las elecciones presidenciales en Colombia y Méjico, pero en elecciones en que resultaron fortalecidas las opciones contestatarias de izquierda de ambos países.
El modelo neoliberal.
La mayoría de los países de América Latina ha implementado en los últimas dos décadas, con variaciones nacionales, el Consenso de Washington o modelo neoliberal. Este enfoque recomienda la adopción de un paquete económico centrado en políticas de estabilización macroeconómica, apertura externa, liberalización de mercados y privatizaciones que conducirían a elevar el ritmo de crecimiento económico y a traer prosperidad a los países que la aplicaban. En retrospectiva, si bien esta estrategia contenía elementos necesarios para un manejo económico adecuado como la necesidad de la estabilización macroeconómica y la apertura externa en un mundo crecientemente globalizado, era una estrategia limitada tanto en sus objetivos como en sus instrumentos. Un problema fundamental del consenso de Washington fue la subestimación de al menos tres condiciones previas necesarias para realizar transformaciones económicas de alta complejidad: (a) contar con una capacidad institucional con capacidad de ejecución que le impidiera ser paralizada por la presión de grupos de interés; (b) que en América Latina la estructura social es caracterizada por una alta desigualdad de ingresos y riquezas, lo que genera conflicto social y (c) que culturalmente la región latinoamericana, como otras, tiende a ser resistente a la formación de sociedades muy orientadas al mercado al entrar en contradicción con los valores sociales predominantes que se identifican mas abajo. Para superar algunas de estas insuficiencias las mismas instituciones que promovieron el consenso de Washington (Banco Mundial, FMI, BID) y autores afines plantearon adoptar “reformas de segunda y tercera generación” que otorgaban mas énfasis a aspectos institucionales y de equidad social. Independiente de la validez de alguna de estas propuestas, el intento desde dentro de “reformar las reformas” adolece de dos limitaciones: (a) las nuevas reformas se conciben como secuencias o modificaciones de un modelo básicamente correcto; (b) su credibilidad es limitada al ser visto demasiado cercano a las políticas que supuestamente se quiere reformar.
El nacionalismo económico como respuesta al neo-liberalismo.
En América Latina se ha desarrollado en algunos países una contra-respuesta al modelo de liberalización, privatización y desregulación de mercado que podemos llamar, a falta de un mejor término, como “nacionalismo económico”. Este modelo surge en países que tienen riquezas naturales significativas como petróleo en Venezuela y Ecuador y los hidrocarburos en Bolivia. En este contexto, el nacionalismo económico es reticente a la inversión extranjera en el área de recursos naturales (y probablemente en otras también) y prefiere que estos sean explotados por el estado. El modelo además busca su exportación a otros países de América Latina con estructuras económicas similares (abundancia de recursos naturales); en su dimensión regional el modelo es además (valga la posible contradicción), “internacionalista y solidario”; en esta dimensión por ejemplo Venezuela ofrece generosa ayuda económica a otros países (principalmente Bolivia, Argentina, Ecuador y Cuba) a través de programas de venta, en condiciones favorables, de petróleo, de asociaciones con empresas estatales nacionales y a través de la compra de deuda externa en países altamente endeudados como Ecuador y Argentina. Por otra parte el modelo otorga una alta prioridad a los objetivos sociales (no siempre bien definidos) cuyo logro estaría financiado con excedentes de la explotación de los recursos naturales. Políticamente estos modelos han ido acompañados de intentos re-fundacionales del sistema democrático a través de asambleas constituyentes.
Aspectos culturales de los modelos económicos.
El tercer tema de este artículo se refiere a la dimensión cultural de estos modelos económicos. Pensadores de distintas vertientes han abordado la relación entre cultura y desarrollo económico. Max Weber destacaba la importancia de la ética protestante (que premiaba el ahorro, el trabajo y la riqueza) como un factor clave en facilitar el desarrollo del capitalismo; además de incentivos económicos, la transición de un sistema feudal y tradicionalista al capitalismo, necesitaba una se necesitaba una estructura de valores funcional a las necesidades de acumulación de capital y cambio tecnológico y social acelerado que traía el nuevo orden económico naciente. Es interesante notar que América Latina es predominantemente católica y no protestante. A nivel analítico Max Weber postulaba una causalidad que iba desde los valores al sistema económico. En contraste, Karl Marx antes postuló una causalidad inversa: era la estructura económica y las relaciones de producción las que determinan, en gran medida, las ideas, creencias y valores de la sociedad; este concepto sin embargo fue desafiado, dentro de la misma tradición marxista, por el italiano Antonio Gramsci quien creó el concepto de “hegemonía cultural” al que atribuyo una gran importancia para mantener la legitimidad de cualquier sistema económico-social , incluso mas allá de las formas tradicionales de poder político. Desde otras perspectivas, Daniel Bell y Karl Polyani postulaban que la religión y los valores eran claves para moderar las tendencias de una sociedad estructurada en torno a los valores del mercado los que visualizaban como afectando la cohesión social y los valores tradicionales que dan estabilidad a cualquier sociedad. Este tema ha estado siempre presente en el pensamiento social de la iglesia católica que históricamente ha desconfiado de las consecuencias morales del capitalismo por sus efectos disruptivos sobre los valores al enaltecer la búsqueda de lucro, el individualismo y la auto-realización vía el consumo material. Es interesante y sintomático destacar que los reformadores modernos omitieron absolutamente consideraciones de este tipo en el diseño de las reformas económicas. La critica al modelo económico neoliberal no solo es producto de sus resultados no muy satisfactorios en la esfera económica. Además se percibe una cierta “incomodidad cultural” con varias dimensiones del modelo. Se puede identificar cuatro de estas dimensiones: (i) la persistencia de una considerable desigualdad de ingresos y riqueza la que choca con nociones básicas de igualdad social ampliamente arraigadas en el imaginario social, (ii) el fomento del consumismo con endeudamiento y el afán de lucro lo que es contradictorio con las enseñanzas de la iglesia católica sobre el materialismo, esto en un continente predominantemente católico, (iii) el tema de la corrupción que es obviamente incompatible con distintos códigos ético y moral y (iv) la ampliación del mercado a áreas sociales tradicionalmente reservadas al sector publico como educación, salud y previsión en que el motivo del lucro domina a la lógica de entrega de servicios y de protección social valuados por la población independiente de la capacidad de pagos de las personas. Es importante ampliar la discusión de los modelos de desarrollo y las estrategias abiertas para América Latina a su dimensión cultural.
*; Economista y Magíster en Economía de la Universidad Católica de Chile. Doctor en Economía del MIT, EE.UU, Asesor Regional de CEPAL.
http//: asolimano.blogspot.cl
Lecturas sugeridas.
Daniel Bell (1976) The Cultural Contradictions of Capitalism. Basic Books.
Karl Marx and Friedrich Engels (1979). El Manifiesto Comunista. Editorial Progreso.
Karl Polanyi (1944) The Great Transformation. The Political and Economic Origins of Our Time. Beacon Press.
Max Weber (1905[2001]) The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism. London: Routledge Classic.
Stiglitz, J. (2002) Globalization and its Discontents, W.W.Norton &Co.
Kuczynski, P.P and J. Williamson (2003) After the Washington Consensus. Restoring Growth and Reform in Latin America. Institute of International Economics.
Solimano, A. and M. Pollack (2006) La Mesa Coja. Prosperidad y Desigualdad en el Chile Democrático. Colección CIGLOB, Santiago.
Solimano, A. (2000), editor, Desigualdad Social. Valores, Crecimiento y el Estado. Fondo de Cultura Económico, Méjico, DF.