La Tercera 15/Mayo/2007
El ex Presidente, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, ha planteado, con gran lucidez, que dada la crisis del Transantiago lo que corresponde es pasar a un sistema estatal de transporte publico como el que se utiliza en las grandes capitales del mundo desarrollado. El tema es pragmático y no ideológico; no es el fantasma del comunismo aparecido por la ventana ni la reedición de las nacionalizaciones de la UP.
El caso del Transantiago ilustra, dramáticamente, las dificultades de la provisión privada de un servicio estratégico en condiciones de incertidumbre y complejidades de coordinación. En el caso de redes de transporte esto se da con frecuencia y por eso los países desarrollados prefieren el sistema público. En Chile los operadores privados de buses son extremadamente sensibles a una posible baja de ingresos, aunque sea transitoria, y simplemente hacen circular menos buses que los requeridos. Falló el sistema tecnológico y hay evasión. Pero los privados no tienen paciencia ni esperan a que estos problemas se solucionen. Si no hay pago, no hay servicio. Simple, directo y brutal. Falta financiamiento? Entonces que se ponga el fisco. Un observador se preguntará: porque si en la AFT (Administradora Financiera del Transantiago) hay tres grandes bancos comerciales, con una enorme capacidad crediticia, no son estos lo que le hacen un préstamo al Transantiago, en vez pedirle “prestado” al Metro? Probablemente porque no lo ven un buen negocio. La lógica parece ser “ganancia a todo evento”. El lucro es un acicate poderoso que consigue muchas cosas. Pero si no aparece, nada se mueve bien. Sin embrago, la gente debe llegar a trabajar, volver a sus casas y movilizarse diariamente. Ya el país sufrió un episodio de socialización de perdidas a gran escala en la crisis de 1982-83 y nuevamente le van a pasar la cuenta. Economía de mercado si, pero cuando hay ganancias. Ahí el estado debe estar lo más lejos posible. Si hay pérdidas para los privados y el servicio es estratégico como el caso del transporte, el estado debe ponerse. Ya lo vimos en la crisis bancaria de hace 25 años atrás.
No todo pasado fue peor. La antigua ETC (Empresa de Transportes Colectivos del Estado) disponía de una planta de recordados trolleys, maquinas silenciosas, no contaminantes y seguras, manejadas por conductores profesionales quienes de uniforme, corbata y gorro, llevaban con cortesía y cuidado a los escolares de nuestro país y al resto de los usuarios. Que distinto al Chile de hoy. Pero hoy se puede crear la ETS: Empresa de Transporte Público de Santiago dotada de los buses de mejor calidad y no contaminantes que se puedan comprar en el mundo, que racionalice los recorridos, con una planta de conductores muy profesionales; una compañía manejadas por idóneos ejecutivos, con una filosofía de servicio publico y de solidez financiera. Afortunadamente hay plata del Cobre para comprar los buses y pagarlos al contado. En fin, es hora de pensar y actuar distinto. Fortalezcamos el Metro, hasta hace poco, un orgullo nacional y junto a la ETS construyamos un sistema de transporte publico como se merece un país de la riqueza y la dignidad como el nuestro!
martes, 15 de mayo de 2007
lunes, 7 de mayo de 2007
Neoliberalismo, Nacionalismo Económico y Cultura en América Latina
Andrés Solimano*
Mayo 4, 2007
América Latina vive tiempos difíciles. La complacencia de la década de los 90 que la región había finalmente encontrado una feliz combinación de democracia política y economía de mercado como vía para alcanzar la prosperidad, la estabilidad y el desarrollo ya es casi cosa del pasado. El cuestionamiento no es tanto a la democracia, la que sin duda adolece de problemas de representación, flexibilidad y transparencia sino mas bien de la viabilidad del modelo económico imperante. También hay una dimensión cultural subyacente.
La evidencia empírica acumulada sobre el desempeño económico y social de la región en los últimos 15 a 20 años muestra que el crecimiento económico ha sido esquivo, con una tasa promedio cercana al 3 por ciento anual (en dicho periodo China ha crecido a cerca del 9 por ciento anual y otras economías dinámicas de Asia y Europa del este cerca del 7 por ciento anual). La pobreza actualmente es cerca del 38 por ciento de la población es decir más de 200 millones de personas y la desigualdad de ingresos y riquezas es persistentemente alta. Los principales logros de las políticas de la última década en la región se han realizado en la reducción de la inflación, mejoramiento fiscal y apertura al comercio internacional. El desempeño económico, con sus aciertos y carencias, sin embargo ha ido creando una situación de insatisfacción en América Latina. Lo anterior se ha reflejado en la elección de varios presidentes en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y Venezuela sobre una plataforma anti-sistema con cuestionamiento del modelo económico neoliberal. En otros países como Uruguay, Brasil, Chile, Perú el electorado ha preferido la opción social demócrata de centro-izquierda. Alternativas de centro derecha ganaron las elecciones presidenciales en Colombia y Méjico, pero en elecciones en que resultaron fortalecidas las opciones contestatarias de izquierda de ambos países.
El modelo neoliberal.
La mayoría de los países de América Latina ha implementado en los últimas dos décadas, con variaciones nacionales, el Consenso de Washington o modelo neoliberal. Este enfoque recomienda la adopción de un paquete económico centrado en políticas de estabilización macroeconómica, apertura externa, liberalización de mercados y privatizaciones que conducirían a elevar el ritmo de crecimiento económico y a traer prosperidad a los países que la aplicaban. En retrospectiva, si bien esta estrategia contenía elementos necesarios para un manejo económico adecuado como la necesidad de la estabilización macroeconómica y la apertura externa en un mundo crecientemente globalizado, era una estrategia limitada tanto en sus objetivos como en sus instrumentos. Un problema fundamental del consenso de Washington fue la subestimación de al menos tres condiciones previas necesarias para realizar transformaciones económicas de alta complejidad: (a) contar con una capacidad institucional con capacidad de ejecución que le impidiera ser paralizada por la presión de grupos de interés; (b) que en América Latina la estructura social es caracterizada por una alta desigualdad de ingresos y riquezas, lo que genera conflicto social y (c) que culturalmente la región latinoamericana, como otras, tiende a ser resistente a la formación de sociedades muy orientadas al mercado al entrar en contradicción con los valores sociales predominantes que se identifican mas abajo. Para superar algunas de estas insuficiencias las mismas instituciones que promovieron el consenso de Washington (Banco Mundial, FMI, BID) y autores afines plantearon adoptar “reformas de segunda y tercera generación” que otorgaban mas énfasis a aspectos institucionales y de equidad social. Independiente de la validez de alguna de estas propuestas, el intento desde dentro de “reformar las reformas” adolece de dos limitaciones: (a) las nuevas reformas se conciben como secuencias o modificaciones de un modelo básicamente correcto; (b) su credibilidad es limitada al ser visto demasiado cercano a las políticas que supuestamente se quiere reformar.
El nacionalismo económico como respuesta al neo-liberalismo.
En América Latina se ha desarrollado en algunos países una contra-respuesta al modelo de liberalización, privatización y desregulación de mercado que podemos llamar, a falta de un mejor término, como “nacionalismo económico”. Este modelo surge en países que tienen riquezas naturales significativas como petróleo en Venezuela y Ecuador y los hidrocarburos en Bolivia. En este contexto, el nacionalismo económico es reticente a la inversión extranjera en el área de recursos naturales (y probablemente en otras también) y prefiere que estos sean explotados por el estado. El modelo además busca su exportación a otros países de América Latina con estructuras económicas similares (abundancia de recursos naturales); en su dimensión regional el modelo es además (valga la posible contradicción), “internacionalista y solidario”; en esta dimensión por ejemplo Venezuela ofrece generosa ayuda económica a otros países (principalmente Bolivia, Argentina, Ecuador y Cuba) a través de programas de venta, en condiciones favorables, de petróleo, de asociaciones con empresas estatales nacionales y a través de la compra de deuda externa en países altamente endeudados como Ecuador y Argentina. Por otra parte el modelo otorga una alta prioridad a los objetivos sociales (no siempre bien definidos) cuyo logro estaría financiado con excedentes de la explotación de los recursos naturales. Políticamente estos modelos han ido acompañados de intentos re-fundacionales del sistema democrático a través de asambleas constituyentes.
Aspectos culturales de los modelos económicos.
El tercer tema de este artículo se refiere a la dimensión cultural de estos modelos económicos. Pensadores de distintas vertientes han abordado la relación entre cultura y desarrollo económico. Max Weber destacaba la importancia de la ética protestante (que premiaba el ahorro, el trabajo y la riqueza) como un factor clave en facilitar el desarrollo del capitalismo; además de incentivos económicos, la transición de un sistema feudal y tradicionalista al capitalismo, necesitaba una se necesitaba una estructura de valores funcional a las necesidades de acumulación de capital y cambio tecnológico y social acelerado que traía el nuevo orden económico naciente. Es interesante notar que América Latina es predominantemente católica y no protestante. A nivel analítico Max Weber postulaba una causalidad que iba desde los valores al sistema económico. En contraste, Karl Marx antes postuló una causalidad inversa: era la estructura económica y las relaciones de producción las que determinan, en gran medida, las ideas, creencias y valores de la sociedad; este concepto sin embargo fue desafiado, dentro de la misma tradición marxista, por el italiano Antonio Gramsci quien creó el concepto de “hegemonía cultural” al que atribuyo una gran importancia para mantener la legitimidad de cualquier sistema económico-social , incluso mas allá de las formas tradicionales de poder político. Desde otras perspectivas, Daniel Bell y Karl Polyani postulaban que la religión y los valores eran claves para moderar las tendencias de una sociedad estructurada en torno a los valores del mercado los que visualizaban como afectando la cohesión social y los valores tradicionales que dan estabilidad a cualquier sociedad. Este tema ha estado siempre presente en el pensamiento social de la iglesia católica que históricamente ha desconfiado de las consecuencias morales del capitalismo por sus efectos disruptivos sobre los valores al enaltecer la búsqueda de lucro, el individualismo y la auto-realización vía el consumo material. Es interesante y sintomático destacar que los reformadores modernos omitieron absolutamente consideraciones de este tipo en el diseño de las reformas económicas. La critica al modelo económico neoliberal no solo es producto de sus resultados no muy satisfactorios en la esfera económica. Además se percibe una cierta “incomodidad cultural” con varias dimensiones del modelo. Se puede identificar cuatro de estas dimensiones: (i) la persistencia de una considerable desigualdad de ingresos y riqueza la que choca con nociones básicas de igualdad social ampliamente arraigadas en el imaginario social, (ii) el fomento del consumismo con endeudamiento y el afán de lucro lo que es contradictorio con las enseñanzas de la iglesia católica sobre el materialismo, esto en un continente predominantemente católico, (iii) el tema de la corrupción que es obviamente incompatible con distintos códigos ético y moral y (iv) la ampliación del mercado a áreas sociales tradicionalmente reservadas al sector publico como educación, salud y previsión en que el motivo del lucro domina a la lógica de entrega de servicios y de protección social valuados por la población independiente de la capacidad de pagos de las personas. Es importante ampliar la discusión de los modelos de desarrollo y las estrategias abiertas para América Latina a su dimensión cultural.
*; Economista y Magíster en Economía de la Universidad Católica de Chile. Doctor en Economía del MIT, EE.UU, Asesor Regional de CEPAL.
http//: asolimano.blogspot.cl
Lecturas sugeridas.
Daniel Bell (1976) The Cultural Contradictions of Capitalism. Basic Books.
Karl Marx and Friedrich Engels (1979). El Manifiesto Comunista. Editorial Progreso.
Karl Polanyi (1944) The Great Transformation. The Political and Economic Origins of Our Time. Beacon Press.
Max Weber (1905[2001]) The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism. London: Routledge Classic.
Stiglitz, J. (2002) Globalization and its Discontents, W.W.Norton &Co.
Kuczynski, P.P and J. Williamson (2003) After the Washington Consensus. Restoring Growth and Reform in Latin America. Institute of International Economics.
Solimano, A. and M. Pollack (2006) La Mesa Coja. Prosperidad y Desigualdad en el Chile Democrático. Colección CIGLOB, Santiago.
Solimano, A. (2000), editor, Desigualdad Social. Valores, Crecimiento y el Estado. Fondo de Cultura Económico, Méjico, DF.
Mayo 4, 2007
América Latina vive tiempos difíciles. La complacencia de la década de los 90 que la región había finalmente encontrado una feliz combinación de democracia política y economía de mercado como vía para alcanzar la prosperidad, la estabilidad y el desarrollo ya es casi cosa del pasado. El cuestionamiento no es tanto a la democracia, la que sin duda adolece de problemas de representación, flexibilidad y transparencia sino mas bien de la viabilidad del modelo económico imperante. También hay una dimensión cultural subyacente.
La evidencia empírica acumulada sobre el desempeño económico y social de la región en los últimos 15 a 20 años muestra que el crecimiento económico ha sido esquivo, con una tasa promedio cercana al 3 por ciento anual (en dicho periodo China ha crecido a cerca del 9 por ciento anual y otras economías dinámicas de Asia y Europa del este cerca del 7 por ciento anual). La pobreza actualmente es cerca del 38 por ciento de la población es decir más de 200 millones de personas y la desigualdad de ingresos y riquezas es persistentemente alta. Los principales logros de las políticas de la última década en la región se han realizado en la reducción de la inflación, mejoramiento fiscal y apertura al comercio internacional. El desempeño económico, con sus aciertos y carencias, sin embargo ha ido creando una situación de insatisfacción en América Latina. Lo anterior se ha reflejado en la elección de varios presidentes en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y Venezuela sobre una plataforma anti-sistema con cuestionamiento del modelo económico neoliberal. En otros países como Uruguay, Brasil, Chile, Perú el electorado ha preferido la opción social demócrata de centro-izquierda. Alternativas de centro derecha ganaron las elecciones presidenciales en Colombia y Méjico, pero en elecciones en que resultaron fortalecidas las opciones contestatarias de izquierda de ambos países.
El modelo neoliberal.
La mayoría de los países de América Latina ha implementado en los últimas dos décadas, con variaciones nacionales, el Consenso de Washington o modelo neoliberal. Este enfoque recomienda la adopción de un paquete económico centrado en políticas de estabilización macroeconómica, apertura externa, liberalización de mercados y privatizaciones que conducirían a elevar el ritmo de crecimiento económico y a traer prosperidad a los países que la aplicaban. En retrospectiva, si bien esta estrategia contenía elementos necesarios para un manejo económico adecuado como la necesidad de la estabilización macroeconómica y la apertura externa en un mundo crecientemente globalizado, era una estrategia limitada tanto en sus objetivos como en sus instrumentos. Un problema fundamental del consenso de Washington fue la subestimación de al menos tres condiciones previas necesarias para realizar transformaciones económicas de alta complejidad: (a) contar con una capacidad institucional con capacidad de ejecución que le impidiera ser paralizada por la presión de grupos de interés; (b) que en América Latina la estructura social es caracterizada por una alta desigualdad de ingresos y riquezas, lo que genera conflicto social y (c) que culturalmente la región latinoamericana, como otras, tiende a ser resistente a la formación de sociedades muy orientadas al mercado al entrar en contradicción con los valores sociales predominantes que se identifican mas abajo. Para superar algunas de estas insuficiencias las mismas instituciones que promovieron el consenso de Washington (Banco Mundial, FMI, BID) y autores afines plantearon adoptar “reformas de segunda y tercera generación” que otorgaban mas énfasis a aspectos institucionales y de equidad social. Independiente de la validez de alguna de estas propuestas, el intento desde dentro de “reformar las reformas” adolece de dos limitaciones: (a) las nuevas reformas se conciben como secuencias o modificaciones de un modelo básicamente correcto; (b) su credibilidad es limitada al ser visto demasiado cercano a las políticas que supuestamente se quiere reformar.
El nacionalismo económico como respuesta al neo-liberalismo.
En América Latina se ha desarrollado en algunos países una contra-respuesta al modelo de liberalización, privatización y desregulación de mercado que podemos llamar, a falta de un mejor término, como “nacionalismo económico”. Este modelo surge en países que tienen riquezas naturales significativas como petróleo en Venezuela y Ecuador y los hidrocarburos en Bolivia. En este contexto, el nacionalismo económico es reticente a la inversión extranjera en el área de recursos naturales (y probablemente en otras también) y prefiere que estos sean explotados por el estado. El modelo además busca su exportación a otros países de América Latina con estructuras económicas similares (abundancia de recursos naturales); en su dimensión regional el modelo es además (valga la posible contradicción), “internacionalista y solidario”; en esta dimensión por ejemplo Venezuela ofrece generosa ayuda económica a otros países (principalmente Bolivia, Argentina, Ecuador y Cuba) a través de programas de venta, en condiciones favorables, de petróleo, de asociaciones con empresas estatales nacionales y a través de la compra de deuda externa en países altamente endeudados como Ecuador y Argentina. Por otra parte el modelo otorga una alta prioridad a los objetivos sociales (no siempre bien definidos) cuyo logro estaría financiado con excedentes de la explotación de los recursos naturales. Políticamente estos modelos han ido acompañados de intentos re-fundacionales del sistema democrático a través de asambleas constituyentes.
Aspectos culturales de los modelos económicos.
El tercer tema de este artículo se refiere a la dimensión cultural de estos modelos económicos. Pensadores de distintas vertientes han abordado la relación entre cultura y desarrollo económico. Max Weber destacaba la importancia de la ética protestante (que premiaba el ahorro, el trabajo y la riqueza) como un factor clave en facilitar el desarrollo del capitalismo; además de incentivos económicos, la transición de un sistema feudal y tradicionalista al capitalismo, necesitaba una se necesitaba una estructura de valores funcional a las necesidades de acumulación de capital y cambio tecnológico y social acelerado que traía el nuevo orden económico naciente. Es interesante notar que América Latina es predominantemente católica y no protestante. A nivel analítico Max Weber postulaba una causalidad que iba desde los valores al sistema económico. En contraste, Karl Marx antes postuló una causalidad inversa: era la estructura económica y las relaciones de producción las que determinan, en gran medida, las ideas, creencias y valores de la sociedad; este concepto sin embargo fue desafiado, dentro de la misma tradición marxista, por el italiano Antonio Gramsci quien creó el concepto de “hegemonía cultural” al que atribuyo una gran importancia para mantener la legitimidad de cualquier sistema económico-social , incluso mas allá de las formas tradicionales de poder político. Desde otras perspectivas, Daniel Bell y Karl Polyani postulaban que la religión y los valores eran claves para moderar las tendencias de una sociedad estructurada en torno a los valores del mercado los que visualizaban como afectando la cohesión social y los valores tradicionales que dan estabilidad a cualquier sociedad. Este tema ha estado siempre presente en el pensamiento social de la iglesia católica que históricamente ha desconfiado de las consecuencias morales del capitalismo por sus efectos disruptivos sobre los valores al enaltecer la búsqueda de lucro, el individualismo y la auto-realización vía el consumo material. Es interesante y sintomático destacar que los reformadores modernos omitieron absolutamente consideraciones de este tipo en el diseño de las reformas económicas. La critica al modelo económico neoliberal no solo es producto de sus resultados no muy satisfactorios en la esfera económica. Además se percibe una cierta “incomodidad cultural” con varias dimensiones del modelo. Se puede identificar cuatro de estas dimensiones: (i) la persistencia de una considerable desigualdad de ingresos y riqueza la que choca con nociones básicas de igualdad social ampliamente arraigadas en el imaginario social, (ii) el fomento del consumismo con endeudamiento y el afán de lucro lo que es contradictorio con las enseñanzas de la iglesia católica sobre el materialismo, esto en un continente predominantemente católico, (iii) el tema de la corrupción que es obviamente incompatible con distintos códigos ético y moral y (iv) la ampliación del mercado a áreas sociales tradicionalmente reservadas al sector publico como educación, salud y previsión en que el motivo del lucro domina a la lógica de entrega de servicios y de protección social valuados por la población independiente de la capacidad de pagos de las personas. Es importante ampliar la discusión de los modelos de desarrollo y las estrategias abiertas para América Latina a su dimensión cultural.
*; Economista y Magíster en Economía de la Universidad Católica de Chile. Doctor en Economía del MIT, EE.UU, Asesor Regional de CEPAL.
http//: asolimano.blogspot.cl
Lecturas sugeridas.
Daniel Bell (1976) The Cultural Contradictions of Capitalism. Basic Books.
Karl Marx and Friedrich Engels (1979). El Manifiesto Comunista. Editorial Progreso.
Karl Polanyi (1944) The Great Transformation. The Political and Economic Origins of Our Time. Beacon Press.
Max Weber (1905[2001]) The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism. London: Routledge Classic.
Stiglitz, J. (2002) Globalization and its Discontents, W.W.Norton &Co.
Kuczynski, P.P and J. Williamson (2003) After the Washington Consensus. Restoring Growth and Reform in Latin America. Institute of International Economics.
Solimano, A. and M. Pollack (2006) La Mesa Coja. Prosperidad y Desigualdad en el Chile Democrático. Colección CIGLOB, Santiago.
Solimano, A. (2000), editor, Desigualdad Social. Valores, Crecimiento y el Estado. Fondo de Cultura Económico, Méjico, DF.
viernes, 27 de abril de 2007
Excedentes Record en CODELCO: Cuanto le Llegará a los Chilenos?
Utilidades record en CODELCO, dicen los diarios. El ciudadano común y corriente se preguntará: Cuanto de esto llegará a la gente? Veamos algunos antecedentes. En Julio de 1971 se aprobó una reforma constitucional que nacionalizó los principales yacimientos de cobre y en 1976 se creó la Corporación Nacional del Cobre de Chile, CODELCO, cuyo decreto ley 1.350 señalaba que “el 100 por ciento de la propiedad de CODELCO es del Estado de Chile y sus dueños son todos los chilenos”. Cuanto recibirán los chilenos directa y tangiblemente de estas utilidades por ser los propietarios finales, según la ley, de CODELCO? Actualmente, la “parte del león” se la lleva el estado chileno a través del Ministerio de Hacienda que recibirá un excedente bruto de 9.215 millones de dólares por utilidades de CODELCO del año 2006.En que se usará este excedente? Una parte, este año, se reinvertirán en la empresa; otra proporción -- nada de despreciable-- va a las Fuerzas Armadas que por ley (reservada) recibirán la cifra de 1.311 millones de dólares…; finalmente otra parte del excedente financiará el mayor gasto social aprobado por el parlamento para el 2007. Lo que sobre se invertirá fuera de Chile. Son estas las únicas alternativas posibles? Porqué los chilenos no deciden ellos mismos que hacer -- cuanto gastar y cuanto ahorrar -- de al menos parte de los excedentes de CODELCO? Según ley de la Republica ellos son los dueños (por partes iguales) de CODELCO. Para esto los ciudadanos deberían recibir directamente un dividendo (llamémoslo el dividendo ciudadano del cobre) por parte de las utilidades generadas por esta empresa estatal; tal como recibiría cualquier dueño (accionista) de una empresa privada. El efecto de bienestar, presente y futuro, para la población de una distribución social de parte de este excedente sería muy significativo. Un cálculo, solo ilustrativo, de los montos máximos envueltos: si se divide los 9.211 millones de dólares de excedentes en el 2006 en 11.5 millones de chilenos mayores de 18 años (lo que se considera como mayoría de edad y por ende con plenos derechos económicos y políticos) cada chileno mayor de 18 años podría recibir un dividendo, anual, de 800 dólares (cerca de 440 mil pesos a la cotización actual del dólar). En la práctica, el dividendo será menor ya que parte de las utilidades son retenidas para reinversión por CODELCO, otra parte (con piso, pero sin techo) va las FFAA y otra se usará para aumentar el gasto social y de infraestructura. No hay duda que la fórmula propuesta generaría un mayor interés ciudadano (o control social) en la marcha de nuestra industria del cobre, la evolución de sus costes y su administración en general, ya que afectaría directamente los bolsillos de la gente. Aquí hay un potencial beneficio: se crean incentivos para una mejor “gobernabilidad corporativa” en el cobre. Otro beneficio de repartir socialmente un dividendo es liberar las capacidades de ahorro, inversión e innovación a gran escala, que están latentes en muchas personas. En efecto con parte de la plata del dividendo las personas podrán ahorrar e invertir en proyectos tan diversos como formar o ampliar talleres, empresas, educación de los hijos, mejoras de hogar y la vivienda y otros usos productivos. Al permitir y facilitar que la gente de sectores populares y medios adquieran más activos, la distribución de estos será menos desigual. Además adquieren una herramienta para generar, autónomamente, ingresos futuros sin siempre depender del subsidio público. Se favorecería además la equidad, ese componente tan esquivo, la verdadera “Mesa Coja” de nuestro modelo económico.
Un esquema como el planteado se da en otras partes del mundo. Por ejemplo en el estado de Alaska en los Estados Unidos, los ciudadanos de dicho estado reciben, por correo, un cheque correspondiente a la distribución de utilidades de las empresas petroleras de dicho estado. Cada ciudadano de Alaska en los últimos 25 años ha recibido en promedio mil dólares anuales por este concepto y el esquema funciona.
No faltarán las objeciones a este esquema. Los macro-economistas quizás dirán que si se instaura un dividendo ciudadano del cobre, en años buenos, se puede producir un exceso de gasto y apreciación cambiaria. Lo que hay que hacer es ahorrar en el fondo de estabilización (invertido fuera de Chile), las bonanzas del cobre. El punto no es enteramente convincente. El fondo de estabilización es un auto-seguro (contra las fluctuaciones macro); pero es un seguro caro dado el retorno modesto que con toda seguridad obtendrán los excedentes del cobre invertidos en el exterior. Otra objeción: no se puede confiar en la gente, la tecnocracia conoce mejor. Las personas son muchas veces “miopes”: el estado mira el largo plazo (mas allá de la próxima elección?) y sabe mejor cómo ahorrar que las personas (pero quizás ahorrar el 8 por ciento del producto es mucho).
La noción de que no todo lo recibido por las personas se gastará en consumo recibe un sólido apoyo en la teoría económica. Un economista monetarista (Milton Friedman) y otro keynesiano (Franco Modigliani) ganaron sendos Premio Nobel en el pasado precisamente por demostrar que las personas y las familias gastan en consumo corriente de acuerdo a su ingreso permanente, es decir aquel ingreso que es sustentable durante su ciclo de vida y no de acuerdo a ingresos que tienen un carácter transitorio. Así es enteramente razonable esperar que los chilenos no gastarán -- si reciben un cheque por concepto de dividendos por altas utilidades del cobre -- todo lo recibido en bienes de consumo: parte del cheque será ahorrado e invertido. Además el fisco cobraría impuestos por el ingreso adicional que se reparte a la población y tendría un menor gasto fiscal ya que parte de las personas serán menos pobres, financiando ellos con sus nuevos ingresos adicionales gastos que hoy tiene que hacer el estado. Son los m llamados “estabilizadores automáticos”.
La formula del dividendo ciudadano del cobre, además de tener beneficios económicos, busca hacer efectivo el derecho de propiedad del cobre público a la gran mayoría de los chilenos. Avancemos hacia más democracia económica. Ya es hora !!
Publicado en la Tercera en Marzo 16, 2007
Un esquema como el planteado se da en otras partes del mundo. Por ejemplo en el estado de Alaska en los Estados Unidos, los ciudadanos de dicho estado reciben, por correo, un cheque correspondiente a la distribución de utilidades de las empresas petroleras de dicho estado. Cada ciudadano de Alaska en los últimos 25 años ha recibido en promedio mil dólares anuales por este concepto y el esquema funciona.
No faltarán las objeciones a este esquema. Los macro-economistas quizás dirán que si se instaura un dividendo ciudadano del cobre, en años buenos, se puede producir un exceso de gasto y apreciación cambiaria. Lo que hay que hacer es ahorrar en el fondo de estabilización (invertido fuera de Chile), las bonanzas del cobre. El punto no es enteramente convincente. El fondo de estabilización es un auto-seguro (contra las fluctuaciones macro); pero es un seguro caro dado el retorno modesto que con toda seguridad obtendrán los excedentes del cobre invertidos en el exterior. Otra objeción: no se puede confiar en la gente, la tecnocracia conoce mejor. Las personas son muchas veces “miopes”: el estado mira el largo plazo (mas allá de la próxima elección?) y sabe mejor cómo ahorrar que las personas (pero quizás ahorrar el 8 por ciento del producto es mucho).
La noción de que no todo lo recibido por las personas se gastará en consumo recibe un sólido apoyo en la teoría económica. Un economista monetarista (Milton Friedman) y otro keynesiano (Franco Modigliani) ganaron sendos Premio Nobel en el pasado precisamente por demostrar que las personas y las familias gastan en consumo corriente de acuerdo a su ingreso permanente, es decir aquel ingreso que es sustentable durante su ciclo de vida y no de acuerdo a ingresos que tienen un carácter transitorio. Así es enteramente razonable esperar que los chilenos no gastarán -- si reciben un cheque por concepto de dividendos por altas utilidades del cobre -- todo lo recibido en bienes de consumo: parte del cheque será ahorrado e invertido. Además el fisco cobraría impuestos por el ingreso adicional que se reparte a la población y tendría un menor gasto fiscal ya que parte de las personas serán menos pobres, financiando ellos con sus nuevos ingresos adicionales gastos que hoy tiene que hacer el estado. Son los m llamados “estabilizadores automáticos”.
La formula del dividendo ciudadano del cobre, además de tener beneficios económicos, busca hacer efectivo el derecho de propiedad del cobre público a la gran mayoría de los chilenos. Avancemos hacia más democracia económica. Ya es hora !!
Publicado en la Tercera en Marzo 16, 2007
Religión, Cultura y el Modelo Chileno
En una reciente e interesante articulo (“ El Valor de la Fe”, de Cristián Larroulet ) se argumenta, citando a resultados de investigaciones empíricas internacionales recientes, que las personas con formación religiosa son mas propensas a confiar en otras, a respetar los contratos y la propiedad privada lo que favorecería la actividad económica y el desarrollo. El argumento es persuasivo, pero hay otras dimensiones que vale la pena mencionar, dada la complejidad del tema. Pensadores de distintas vertientes han abordado la relación entre religión, cultura y desarrollo económico. Max Weber destacaba la importancia de la ética protestante (que premiaba el ahorro, el trabajo y la riqueza) como clave en facilitar el desarrollo del capitalismo; además de incentivos económicos, la transición de un sistema feudal y tradicionalista al capitalismo, necesitaba una se necesitaba una estructura valórica funcional a las necesidades de acumulación de capital y cambio tecnológico y social acelerado que traía el nuevo orden económico naciente. En Weber (Max) la causalidad iba desde los valores al sistema económico. En contraste, Karl Marx antes postuló una causalidad inversa: era la estructura económica y las relaciones de producción las que determinan, en gran medida, las ideas, creencias y valores de la sociedad; este concepto sin embargo fue desafiado, dentro de la misma tradición marxista, por el italiano Antonio Gramsci quien creó el concepto de “hegemonía cultural” al que atribuyo una gran importancia para mantener la legitimidad de cualquier sistema económico-social , incluso mas allá de las formas tradicionales de poder político. Desde otras perspectivas, Daniel Bell y Karl Polyani postulaban que la religión y los valores eran claves para moderar las tendencias de una sociedad estructurada en torno a los valores del mercado los que visualizaban como afectando la cohesión social y los valores tradicionales que dan estabilidad a cualquier sociedad. Este tema ha estado siempre presente en el pensamiento social de la iglesia católica y de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI (este ultimo incluso cita en su último libro el concepto de alineación de Marx). El Vaticano históricamente ha desconfiado de las consecuencias morales del capitalismo, además del comunismo, por sus efectos disruptivos sobre los valores al enaltecer la búsqueda de lucro, el individualismo y la auto-realización vía el consumo material.
La anterior discusión nos lleva a las dimensiones culturales y morales del modelo chileno. Las patas cojas de un modelo que ha traído estabilidad y crecimiento (el que sin embargo se ha desacelerado en los últimos 8 a 10 años) son la persistencia de una considerable desigualdad de ingresos y riqueza, el fomento del consumismo con endeudamiento y el surgimiento de brotes de corrupción. Retomando con el tema de esta columna es evidente la tensión cultural latente en nuestra sociedad entre una población mayoritariamente católica y por ende doctrinariamente adversa a la excesiva diferenciación social y las desigualdades y estas porfiadas realidades que caracterizan la sociedad chilena. Esto invita a una mirada renovada e informada del tema de los valores y su relación con el proceso de desarrollo económico del país.
Publicado: La Tercera 15/Abril/2007.
La anterior discusión nos lleva a las dimensiones culturales y morales del modelo chileno. Las patas cojas de un modelo que ha traído estabilidad y crecimiento (el que sin embargo se ha desacelerado en los últimos 8 a 10 años) son la persistencia de una considerable desigualdad de ingresos y riqueza, el fomento del consumismo con endeudamiento y el surgimiento de brotes de corrupción. Retomando con el tema de esta columna es evidente la tensión cultural latente en nuestra sociedad entre una población mayoritariamente católica y por ende doctrinariamente adversa a la excesiva diferenciación social y las desigualdades y estas porfiadas realidades que caracterizan la sociedad chilena. Esto invita a una mirada renovada e informada del tema de los valores y su relación con el proceso de desarrollo económico del país.
Publicado: La Tercera 15/Abril/2007.
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